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Bienes inmuebles, muebles e inmateriales declarados Bien de Interés Cultural, Catalogado, Inventariado y Monumento de Interés Local por el Gobierno de Aragón y los ayuntamientos

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Imagen del bien destacado
Iglesia de San Bartolomé - SAN VICENTE (CALDEARENAS) (HUESCA)

 

Iglesia de nave única, correctamente orientada, rematada en ábside semicircular y con capillas entre los contrafuertes. Construcción románica profundamente alterada en el siglo XVII, cuando se reformó la nave, se alzó una torre sobre el ábside y se añadieron varias construcciones anejas, como la sacristía de planta rectangular dispuesta en la cara sur del ábside, las escaleras de acceso a la torre adosadas al muro norte, la portada en ese mismo muro y la casa abadía que se sitúa a sus pies.

La parte subsistente de la edificación románica, que es básicamente el ábside, está construida en sillería bien trabajada y escuadrada; el resto de la edificación es de sillarejo con abundantes ripios, en la nave, y de mampostería en la torre, que tiene las esquinas reforzadas con sillares. El conjunto se cubre con losa, en tejado a dos vertientes en la nave y a cuatro en el tejadillo de la torre.

La imagen más impactante del conjunto, de compleja volumetría, es la de la torre irguiéndose sobre el tambor del ábside románico, aunque no es el único caso que se puede encontrar en el Alto Aragón. La solidez de los muros medievales ha resistido el peso de la estructura barroca, una torre campanario de planta cuadrada y considerable altura. La torre presenta dos niveles de vanos: a media altura, adintelados, hoy tapiados; y bajo el alero, un amplio vano en arco de medio punto para las campanas, de los que se halla tapiado el del lado oeste.

El ábside es muy austero. Ofrece únicamente una sencilla ventana en arco de medio punto, muy estrecha, que rasga el centro del tambor, y un doble friso de esquinillas y ajedrezado jaqués que recorre el perímetro absidal bajo el alero.

A diferencia de lo habitual, la portada se halla en el muro norte, debido a la ubicación de la iglesia respecto del pueblo. La estructura exterior es de fácil lectura, pues evidencia la mayor altura del muro de la nave, reforzado por contrafuertes cuyo desarrollo no alcanza el nivel del alero, y un muro corrido más bajo, entre estos últimos, correspondiente a las capillas.

El muro norte está centrado por la portada, en arco de medio punto de ancha rosca y jambas lisas, con un guardapolvo que lo perfila constituyendo una moldura de perfil cóncavo que se prolonga levemente en horizontal para marcar la línea de impostas. La arista inferior de las dovelas que forman el vano presenta una triple moldura que continúa por las jambas. Hacia el este, desde la portada, arranca la estructura de la escalera que sube a la torre, cuya puerta está situada en alto. Hacia la parte occidental, la iglesia está adosada a la casa abadía, que sobresale hacia el norte formando ángulo con la misma.

Al interior, los paramentos se hallan enlucidos a excepción del ábside, donde se ha dejado la piedra vista. Está cubierto con bóveda de horno y se comunica con la nave mediante un arco triunfal de medio punto apeado en pilastras. Recorre su perímetro un estrecho friso de ajedrezado jaqués, a la altura del arranque de la bóveda. El ventanal que centra el ábside, derramado hacia el interior y con bovedilla capialzada, remata en arco dovelado que apea sobre dos columnillas acodilladas, con basa anillada, fuste liso y capitel decorado con palmetas, lo mismo que las impostas que las coronan.

La nave, de tres tramos, está cubierta con bóveda de lunetos. Dos arcos fajones separan los tramos y apean en pilastras que rematan en cul de lampe. Las capillas entre los contrafuertes abren en amplios arcos de medio punto, sin decoración. Un friso de dentículos recorre los muros laterales, por encima de las embocaduras de las capillas.

A los pies, coro en alto sobre estructura de fábrica con bóveda muy rebajada. El antepecho es de madera.

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TUMULTOS, MOTINES Y HOMBRES EN ARMAS
TUMULTOS, MOTINES Y HOMBRES EN ARMAS

La guerra entablada por las familias Gurrea y Urriés alcanzó una gran violencia a finales del siglo XV y alteró de forma permanente y dramática la vida cotidiana de la ciudad de Huesca. A pesar de las iniciativas de pacificación y control emprendidas por el rey y el concejo, entre 1460 y 1480 se fueron sucediendo las escaramuzas y tumultos urbanos entre los partidarios de ambas familias, los secuestros y ataques a viajeros a las puertas de Huesca, los robos de ganado en el entorno… Mientras tanto, una ciudadanía alterada por la situación promovía sus propios tumultos, como el desencadenado con motivo del precio de la carne.







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